Erase una vez una princesita que vivía dentro de un cuento de hadas en el que el amor estaba presente. Todo era perfecto hasta que llegaría el momento en el que ella tuviera que volar hasta ese lugar tan deseado en el que ahora se encuentra feliz. Todo era perfecto ella con su principito azul con consciencia de la separación y con ganas de seguir con ese amor por encima de todo.
Pero un día el príncipe lleno de miedo decidió que la historia tuviera un final , no un final feliz como se espera en cualquier cuento si no algo un poco difícil de llevar para un pequeña princesita como yo. La historia terminó porque la distancia iba a acabar con ese amor que había entre ellos, aunque las nubes comentan que el príncipe desde hace tiempo se había vuelto marrón e intentaba separarse de la pequeña princesita. No puedo creer a las nubes, no puedo creerme a mi misma, no puedo creerle a él debo creer en mis sentimientos que todavía me dicen que existe ese cuento de hadas que nunca acabó.
La verdad, la decepción de una persona que es fundamental en tu vida MATA.
Así me sentía, por lo que yo, la princesita acudí al sabio de la aldea. Me dijo que lo mejor era atravesar este duro desierto que ahora me esperaba donde durante el día encontraría una alta temperatura dura de superar y por las noches sentiría un frío agotador. También me aconsejó ser fuerte.
Soy fuerte y puedo con esto, es lo que me repito todos los días acalorados y todas las noches agotadoras.
En mi nueva aldea seguiré adelante nuevos compañeros de camino y nuevos retos.